23 de enero de 2013

Me voy al campo...Deserto de la depresión

La paz interior, los olores, los sonidos.....su belleza
   Las cosas están muy jodidas. La crisis económica arrasa, y se le quitan a uno las ganas de tantas cosas... Quizás es el momento de volver a vivir como nuestros tatarabuelos.

 La vida en la ciudad es demasiado competitiva, cara...Aquello de trabajo para vivir como me gusta ha pasado al vivo mal para trabajar mucho. Todo es más caro que en el campo, y más impuro, menos natural... Así que yo:

 
ME  VOY  AL  CAMPO

Del Congreso de la Vergüenza
vienen a darnos lecciones,
los que tienen influencias
de indecentes proporciones,
y con malas intenciones
nos lanzan sus advertencias.

Yo llamo a la resistencia
y pongo en alto mi verbo.
Se me acaba la paciencia
y no voy a criar cuervos
que piensen que soy su siervo
ni a tolerar su insolencia.

Propongo una rebelión,
desobediencia civil
para tornar esta situación.
 Harcerle un opa hostil,
mano en alto y sin fusil
y con determinación,

a toda la clase política,
y al sistema democrático.
En esta situación crítica
puede no ser diplomático
pero seguro pragmático
como aspirina ansiolítica.

 Aunque si me voy al campo
y me instalo en mi cabaña
no sufriré este quebranto
que revuelve mis entrañas
tendré una vida ermitaña
y allí entonaré mis cantos.

                                                                                   R.C.

Un desesperante atasco en la ciudad
     



   Y así podré disfrutar...



LA  INDEPENDENCIA  DEL  ERMITAÑO

Me voy a hacer ermitaño,
me olvidaré de la ciudad
y también del desengaño
que produce tanto daño
de vivir en sociedad.

Me dedicaré a mis cultivos
y apagaré la televisión,
y no me sentiré cautivo
del fraude administrativo
que turba mi preocupación.

Una huida hacia adelante,
a la originalidad,
con una cosecha abundante,
la chimenea humeante,
y un caldo de libertad.
Me olvidaré de las normas
que oprimen mi atrevimiento
de querer perder las formas,
tomándome eso con sorna
y sin sentirme violento.

Sin caer en la ignorancia,
de las modas alejado,
sabré qué tiene importancia
según sean las circunstancias.
Y sin sentirme forzado,

tomaré mis decisiones
sin que ninguna influencia
trastoque mis ilusiones.
Que aunque no tenga millones,
gozaré mi independencia.

                                                                             R.C.
          Por eso es por lo que...

DESERTO  DE  LA  DEPRESIÓN

La chimenea humeante
deja un peculiar aroma
que relaja mis neuronas
y con su toque picante
me sirve de estimulante
y me vuelve más persona.

Ya no necesito bares
para tomarme unas copas
luego quitarte la ropa
y sumergirme en tus mares.
Yo te amaré en los altares
salvaje y a quemarropa.

Echándole leña al fuego,
para mantener la hoguera
de verano a primavera,
y mantener el sosiego
razonando de lo que reniego
de una manera sincera.

Deserto de la ciudad,
de cualquier institución,
de las fiestas de salón,
de lo que huela a maldad,
de la falta de verdad,
deserto de la depresión.
                         
                                                                                       R.C.
                                Y aún me quedan más fantasías, para dibujar en mis poesías.
                                                                                               

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