1 de mayo de 2012

Una de cal y otra de arena, ( Poemas 1 )

  
LA VIRGEN

Te he visto luchar
contra el mundo,
y sé, que alguna vez
fuiste feliz
en tu pais de niños.


Te quedaste esperando
tu principe azul.
Insistente, paciente,
y no te percataste,
que esperando,
no pasa nada
y el tiempo
se va volando.

 
Era de tu preferencia,
que tu compañero
fuera fiel, sincero,
alto y guapo,
y no como aquel
que ni era principe
ni sapo.



Pero no hiciste nada,
sólo soñar despierta.
Ni buscaste,
ni te dejaste
sorprender
por quien podia ser
interesante.

Tan sólo aquel affaire
de un par de meses,
con el separado
que te contaba
que su exmujer
le habia engañado,
pero ni te tocaba.


Nunca te encendiste
como un volcán,
ni enfriaste
la lava
en el sudor
de las caricias
que imaginaste.



Nunca chupaste
el caramelo
de la pasión.
Y con tanto celo
perdiste la ocasión
de maltratar
tu deseo.

Te estremeces al pensar
que pudiste
estremecerte
por placer,
de no haber pensado
con pudor
en desnudarte
si no era, por amor.





Tu sabías que existía,
que no era una quimera,
ni la última,
ni la primera
en encontrar un amor,
y complicidad
sincera.

 
De repente en el espejo
peinas canas y arrugas
y te das cuenta
lo que quedó tan lejos,
por tantas dudas,
tantos complejos.
Y qué mal sientan.



Quién espera, desespera,
pero no te cansaste
ni renunciaste
a tu sueño.
Sumando primaveras,
envejeciste
esperando a tu dueño.

Y ahora, virgen,
a los sesenta
todo urge,
nada surge,
y te das cuenta
que tu vida
se sumerje,
se marchita.

Lo has aprendido
al final de la vida.
Por seguir un ideal,
has perdido
lo único que tenías.
El tiempo, la alevosía,
y hasta el instinto animal.
                            
                        Raúl Cerdeño.


LA PUTA

La vi llegar de lejos,
con una nueva presa.
Seduce a los viejos
jefes de alguna empresa
que se quedan perplejos
con semejante belleza
sin tabús y sin complejos.

Debe tener sus razones
para salir a la calle
alegrando corazones,
y que nadie la avasalle
ni se baje los calzones
sin pagarle sus detalles.

Sin arraigo en su niñez.
Sin padres y sin familia,
para ella la honradez
en su obligada vigilia
y deliberada escasez
fué, no sembrar envidia.

Marchitó su pubertad
pasando de prohibiciones,
buscando la utilidad
de los rezos y canciones
que por ser de la orfandad
eran sus obligaciones.

Su espíritu libre y soñador
en un colegio de monjas,
un mundo a su alrededor
sin cariño ni lisonjas,
le hizo perder el temor,
y que no quedara impronta,
de ética ni de moral.

Porqué con esa enseñanza
ausente de sexualidad,
adivina adivinanza,
su dulzura virginal
despertó sin confianza,

pero con curiosidad.
Salió de la pesadilla
con total ingenuidad.
Conoció la jeringuilla
y perdió la dignidad,
como si fuera con carrerilla.

Coqueteó con el vicio
y tocó fondo sin apoyos.
Por no volver al hospicio
y para salir del hoyo
hizo un gran sacrificio,
y se apartó de ese rollo.

Aprendió que su figura
y la perfecta sonrisa
con su blanca dentadura,
la elevarían a la cima
con suficiente premura
y de una forma precisa.

Y que ganarse la guita
por meterse en la cama
con un necio troglodita,
de los que bien paga
por ponerle una pica,
y que además la halaga,

era una buena manera
para triunfar en la vida
y viajar donde quisiera,
y montarse su guarida
aunque fuese por ramera,
mejor que estar mantenida.

Que si hay dos clases de putas.
Ella prefiere cobrar
y manejar la batuta,
que tener que follar
igual que una prostitua,
y no poder rechistar.

Raúl Cerdeño
































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