12 de abril de 2012

Sátrapas y bonachones

Estamos en Semana Santa.......una semana como otra cualquiera, salvo que ésta es la excusa para que los dignos desafortunados que tengan un trabajo indigno puedan tomarse el descanso del humillado. Ah,  y para que saquen a la calle una vez al año esos pasos ostentosos y así mostrar al mundo su indecencia, esos que sermonean hipócritamente...
    


Mi Canto al Aire es:
QUE DEBERIAN VENDER ESOS SANTOS A LOS BANQUEROS JUNTO CON UNA BULA PAPAL..., A BUEN PRECIO..
¡¡¡ Y QUE REPARTAN LAS RIQUEZAS ENTRE QUIEN LAS NECESITA EN UNA PROCESION DE HUMILDAD!!!.


                         Os dejo este poema..........


SATRAPAS Y BONACHONES

Dos mil años de abusos,
armario de homosexuales
y consejos parroquiales
por si se está confuso.

Sátrapas y bonachones
revueltos, camuflados,
casi siempre adinerados
o de familia de nobles,

en total intromisión
de cualquier vida privada,
ofrecen salvar el alma
bajo secreto de confesión.

Su presunción de pobreza
es pura cuestión de fé,
porque hacer el paripé
y hacerlo con la torpeza


de enseñar tanta riqueza
para pedir caridad,
requiere de autoridad
 y dosis de gran destreza.

Ese cura no es mi padre.
Dice un dicho popular
que no te puedes fiar
de casi nadie.

Ese, al que Cristo llamarían,
un tipo algo intravertido
de haber sabido
que le utilizarían,

habría dado un sermón
y más de diez mandamientos,
eliminado conventos
y nada de resurrección.

Para qué morir por todos
y predicar la bondad,
si luego la cristiandad
se financia con el oro.

Igual que con un rumor
o de una bola de nieve
lo que queda de relieve
es algo estremecedor.




Fue tres años un profeta
en una tierra invadida
por romanos, que oprimían
    en nombre de Julio Cesar.

Tenía sangre de reyes
sin haber sido engendrado.
Por una virgen fue gestado
fuera de todas las leyes.

Donde impera la ignorancia
es fácil alzar la voz
predicar por más amor
y por menos abundancia.

Cuentan que entregó su vida
para salvarnos a todos
del pecado de unos pocos.
Y lo mataron con ira.

Igual que en un culebrón,
unos pocos seguidores
le empezaron a echar flores
y encontraron un filón.

Lo llamaron cristianismo.
Era una nueva manera
de joder vidas ajenas
con un nuevo fanatismo.

Y a fuerza de meter miedo
con eso de la salvación,
surgió la interrogación.
¿Quién es malo, quién es bueno?
                                                                                    
  Se inventaron lo del cielo,
un eterno paraíso
para aquellos indecisos
que creyeron el camelo.

Para poder conseguirlo,
esos falsos bujarrones
ofrecían dos opciones,
y no están arrepentidos.

Una vida de castidad
y con total devoción
para con su religión,
y otros la bula papal.

Es la multinacional
que domina su negocio
dando la paz a sus socios
aunque no tengan moral.

Dictaron sus propias leyes.
Durante siglos y siglos
impusieron mil castigos
a quien llamaban la plebe,


y alzaron sus monumentos
con fastuosa grandiosidad,
mucha falta de humildad,
domando cultura y talento.

El cinismo hecho pasión.
Pecado de hipocresía
el hacer apología
para tener devoción


de mártires hechos santos,
que se ponían cilicios
para sufrir como Cristo,
que eso, vería con espanto.

Su oficina central
está en el Vaticano
que es un pais soberano
y un paraíso fiscal.

Esa es la casa del capo,
el cabeza de La Iglesia
anacrónico con amnesia
que no viste con harapos,

ni se le caen los anillos
de saber que en la casa de Dios
lo que reina es el temor
de vivir entre diablillos.

                                                                        
                                                                                                                

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